A collective blog which was also a bar, or several bars, where good pop songs inspired inebriated and often bilingual conversations. This blog has moved to where music moved.
"Great rock writing has moved to where the music is moving. Somewhere out there" -Paul Morley
Creating a mixtape is such an art. Who am I going to give this one to? What do I want to provoke on him/her? A mixtape can save a life. ["Your tape, it saved my life"]. A couple of days I saw someone to whom I gave a mixtape a couple of years ago. She told me: "I never thanked you for that tape you gave me". She also said that in spite it had been four years since I gave it to her, she still listened to it whenever she felt life didn't make any sense. I hadn't seen her in three years, so I was amazed to learn that. I had already forgotten that I'd given her a mixtape. I do that kind of things only to very, very close people to me. Dear friends, mostly. Maybe this season I'll do some. Maybe not.
It's that time of the year again. One starts recollecting and thinking about what went wrong and what went well. Of the reasons why things happened. One counts his blessings, yes, but one also counts his failures, his weaknesses, his mistakes.
One would like to be a child again (or, at least, 15, when I first listened to this song), inflate a balloon, tie this song to it and let it go toward the sky.
I've been very lucky and I have had what I wanted many times. I have also lost it. Just as one learns that one should be careful what one asks for, one should also learn how to let things -and people- go. The process hurts.
And still, one thinks, it is Christmas, and one would like to make a wish...
Si, hay canciones que nunca olvidaremos. Que invocarán momentos, que los traerán al presente como una epifanía. Hay cosas tan simples en la vida, como una canción así, cargada de una ingenuidad tan dolorosa como la naturaleza irrecuperable de la infancia.
Hay canciones que hacen cosas. No son sólo decoración o acompañamiento. Tampoco se limitan a provocar un movimiento del cuerpo o a contar una historia. No sólo nos hacen cantar. Quiero decir que hay canciones que hacen cosas, las mueven de lugar, reorganizan el universo que tocan cada vez que alguien pone "play".
Hay canciones que uno dedicará eternamente. Canciones para serenata, pues, que nadie quizá toque en ninguna serenata, pero que son eso, himnos, peticiones, plegarias, oraciones, rituales, ofrendas, poemas para las mujeres amadas. Porque hay canciones que uno hace propias, y que aunque hablen de otra cosa -quizá- cada vez que las escuchamos las dedicamos, las hacemos decir, nos recordamos y nos construimos, nos demolemos y nos recuperamos. Canciones que dedicamos cada vez que las escuchamos porque nos recuerdan quienes somos y quienes fuimos, porque dicen, sin que digan, eso que somos o queremos ser.
Con dedicatoria y todo, pues, esta serenata. Shingao.
Hay una tristeza especial a la hora de cerrar un bar: sólo los fieles, los desesperados, los abandonados, los perdidos y los valientes quedan.
Elegir la última pieza antes de apagar todo es siempre un arte: todo dependerá de quién queda, qué paso esa noche, cómo está el clima allá afuera.
Me pregunto si ustedes, queridos habitués de estos bares, se han preguntado tantas veces como yo qué canción desearían escuchar antes de apagar las luces de su vida, antes de escuchar las últimas campanadas de las últimas last orders de su tiempo en esta tierra.
Si dependiera de ustedes, ¿qué canción escucharían, de qué duración, con qué beat elegirían parar su corazón?
Me pregunto, también, si alguna vez se han puesto a pensar quién creen que habitaría su mente al momento preciso de su último latido.
Hay una tristeza muy particular a la hora de apagar las luces, ¿no?
Ayer iba a subir lo que ahora ven pero la unam se quedó sin luz y las computadoras enmudecieron. Ya no recuerdo lo que iba a decir ayer, y eso es un problema porque tengo la impresión de que lo que iba a escribir tenía que ver con la música y con el concierto de hace ocho días. La verdad, ya no importa. Estoy escuchando "Into the Sea" mientras escribo y me gusta lo que oigo tanto como hace ocho días me gustó, es más, lamento no tener un poco de tequila y estarlo bebieno. Quizá al rato lo haga.
La imagen que ven es una fotografía que salió cuando en google escribí "the album leaf" y es una hoja de un albúm fotográfico de Miller Dam. La imagen no tiene nada que ver con "The Album Leaf" pero ilustra lo que me sucede cuando esucho música, en mi cabeza se hace un hueco y empiezan a brotar recuerdos, al azar. Por ejemplo, hace ocho días cuando se escuchaba "Always for you" recordé lo que, luego de unos días se hizo más nítido: un día de verano caminaba por las esquinas de mi colonia para llegar a un puesto de periódicos. En esos días usaba muletas y me sentía tranquilo, podía jugar sobre ellas. Caminaba hacia el puesto de periodicos porque ocho días antes había comprado un episodio más del Hombre Araña y yo estaba intrigado por el destino de la historia que se había empezado a narrar en el capítulo anterior y que era esta: el Hombre Araña había sido esposado al periodista J. Jonas Jameson y lo que los sujetaba era una bomba de tiempo, cuarenta y ocho horas tenía el Hombre Araña para salvarse y salvar a quien lo castigaba en las columnas de su periódico. El dilema era de orden moral: salvar a J. Jonas Jameson era absurdo pero no salvarlo era aceptar su muerte, la del Hombre Araña, y matar a quien le daba trabajo a Peter Parker. ¡Increíble!
Hasta entonces no había leído nada parecido. Yo estaba emocionado y las muletas me daban el ejercicio físico que yo suponía el Hombre Araña realizaba: balancearce por el aire. Con el tiempo las muletas se resbalaron como las hojas se resbalan de los árboles e intenté algo más temerario: trepar por las ramas y llegar a las copas de los árboles y ponerme a leer en las alturas al Hombre Araña. El episodio terminó cuando el Hombre Araña quiebra las esposas y las lanza al aire. Sin embargo, él no ha resuelto el dilema: odia a quien ha salvado, se siente insultado y jamás, parece, estará en calma.
Hoy hemos hablado de Joplin, de mi antipatía por Lennon, del espíritu de Roxy Music, del vigor de Zeppelin...
-"¿Que canción te gusta de The Beatles"?- Te pregunté
-"In my Life..." dijiste...
Algo ocurre en tus ojos cuando mencionas la canción. Como si ocurriera una intemperie donde un deslumbramiento adormecido te diera alcance. Tus ojos estallan de pasado como si el tiempo fuera un embate de infinitos secretos. Tus ojos palian ausencias y se hunden en un ocaso lustral. Tus ojos pesan como un claro de bosque y yo recuerdo una hermosa imagen de un árbol que hunde las raíces en el cielo. Hoy tus ojos engendraron fantasmas de grutas inasibles.
Hace unos días recuperé dos maletas que había dejado atrás. En ellas había restos del pasado: huellas, como las de los dedos sobre el cristal al abrir una ventana en un día de frío. En una, una guía de París, comprada en Cambridge, Inglaterra, el día 21 de diciembre del 2002, firmada en la primera página por dos nombres propios. En la otra, el doce pulgadas de Rose Rouge.
En París nos cayó la nieve. En la recámara del hotel comimos latería y baguettes y camembert; tomamos vino rojo barato. Todo era color crema en ese hotel. Las escaleras, angostas. Por las noches hablábamos viendo al techo. Comparábamos al Sena con el Támesis. Caminamos sobre puentes. Hacía mucho frío. Con guantes, caminábamos de la mano, con cuidado de no resbalarnos por el hielo.
Un día caminamos de Saint Germain- des-prés hasta el marais. En una pequeña tienda de discos gay dedicada a la devoción a Madonna encontré este doce pulgadas. Fue una reconciliación con una pieza que llegué a aborrecer por su eterna repetición. Tú me habías dicho que te recordaba a tu exnovio porque el tipo la ponía siempre en el lugar donde trabajaba porque era de su mamá y donde tú habías pasado horas sin hacer nada. Cómo lo llegué a odiar. Comprar el disco en vinil fue apropiarme, de nuevo, de una buena pieza musical destruida por los celos retrospectivos y anticipatorios. En ese entonces ni idea tenía. Quizá sí.
Yo no sé si tú te acuerdes. A tí te regalé cientos de docenas de rosas rojas. Mi recuerdo de París en ese fin de año tiene ese sabor. El de las rosas rojas.
Dicen que segundas partes nunca fueron buenas... pero ¿qué tal terceras, o cuartas? He perdido la cuenta. Nuestras cabezas torcidas, nuestras piernas dolidas, nuestros brazos atrapados estaban muertos, como la conversación.
Me dueles en el recuerdo, ahí donde no puedo rascarme si no estás cerca, en el punto ciego de mi nostalgia. Vuelvo a ti, englorietado, agrietado del frío que cala cuando evitas mis besos, cuando te cubres la cara con las sábanas para que no me acerque. Una y otra noche, te tengo y no te tengo y nunca volveremos a querernos.
There are many things this song makes me want to say. Maybe it's true and pop music, like poetry and love, is supposed to be experienced, not explained. Sometimes one just feels like shutting up, keeping quiet once and for all and just listen.
That she sings Bob Dylan's song here on her own is quite something. The strength and ultimate sadness that the arrangements and lyrics breath out come to the fore with an unexpected intensity. Is it because of what we know about Baez and Dylan? Yes, and no. Is it because of something internal, structural to Baez's performance? Yes, and no. Maybe it's all about who you are and how you feel about it.
It's after all, as she said it well back then in 1965, a protest song.
There is something about being in love which is so much like being lost at sea. The missed correspondence, the deprivation, the long nights unable to sleep, the sense of being adrift, at the mercy of stronger forces. The sense of a point of departure, an unknown destination and the endlessness of it all. The loneliness of the individual left at his/her own devices; the relationship with nature, the weather, the storm, the salty taste, the hunger, the boredom, the excitement. The sense of needing someone else, the communion with fellow sailors, the storytelling under the stars, the belief in stars and the writing of destiny. The sense of being or wanting to be with someone. Being Lost. Holding hands.
And while the seagulls are crying We fall but our souls are flying
There is something about falling out of love which is so much like surviving a wreckage. Sometimes you feel like grabbing the other's wrist, the right ankle, forecefully, strongly, leaving red marks around the joints. The sense of being dragged into the bottomless, dark pit. The twirling whirlwind, the inward movement towards the abyss. So aye, darling, let's go, but we both go down together.
--- The Decemberists, in San Francisco, of all places:
When I was younger, in 1999, everyone was listening to Moby's Play. But before that, a couple of years earlier he released an album named I Like To Score, where he put together songs he composed for movies. In this album, this track was included. This track was featured in Heat (Michael Mann, 1995). I have a friend who considers this flick the best film ever made. It is good, indeed. It shows that Mann is a crafty filmmaker, but most of all it is also the proof that Mann is a great soundtracker, that is, he can ensamble amazing soundtracks. "God Moving Over The Face Of The Water" appears in the final sequence, and throughout the final credits, after 3 hours of fine violence, clever dialogues, brilliant performances and a perfectly edited final sequence. You see the fates of the characters coming. But you never see the brutal way Moby musicalizes Al Pacino looking at Robert DeNiro, planes flying at the break of dawn. Sorry for saying this so abruptly, but this is, basically, my favorite end credits sequence.
There comes a moment in Everyman's life in which one needs simple things. A cup of tea, a good book, a lazy chair, an unexpected kiss on the cheek in the morning. Not all catchy pop songs have to be obvious and plain stupid. Good, transcendent pop songs can be simple, straight-forward and down-to-earth, referring to everyday experiences and common feelings. Start Again is one of my favorite tunes by the Glasgow band, pretty much summing up the melody-and-harmony, hook-and-vocal-driven signature aesthetics of the Fannies.
It's grim up north, indeed, but there is still an unwaning light deep within the human heart: when everything seems dark, there's always room for hope.
Recientemente alguien dijo que lo que yo escuchaba era "música para treintañero soltero", y me pareció una muy buena descripción de mi gusto musical. Queda claro que no hablamos de AOR ni de Luis Miguel ni de Silvio Rodríguez o de los discos más chafas de Sting como solista, o de la colección "Real World" de Peter Gabriel o de Putumayo cuando nos ponemos exquisitos, que es con lo que yo relacionaría la treintañerez mexicana contemporánea. Es más bien que a algunos treintañeros solteros, a los que no nos hace felices lo arriba mencionado, ya nos alcanzó el presente, y llega un momento en la vida de cada hombre en que se tiene que asumir la profundidad de las patas de gallo cuando se llora o se ríe y las repentinas canas que se asoman burlonas frente al espejo.
Así que parte de estar en los treintas es, por supuesto, preocuparse por estar al tanto de la nueva música que está saliendo todo el tiempo, alguna terriblemente mala y otra dolorosamente bella, pero también implica una recuperación de historias suprimidas. A Jacques Brel yo lo conocí en el café del Parnaso de Coyoacán, un domingo, leyendo Astérix en Bélgica, cuando hay una referencia a Le Plat Pays y luego sale un mensajero belga que es el mismísimo Jacques Brel. Supe esto porque no entendí de qué hablaba el jefe galo cuando hablaba de que las únicas montañas ahí eran los pueblos, cosa que mi padre tuvo a bien pacientemente explicar. Llegando a la casa puso el vinil de Jacques Brel, cosa que yo, en mi ignorancia infantil, encontré demasiado antigua y, por lo tanto, aburrida.
Pero después uno crece y está en la época de la mutación radical adolescente y se quiere alejar lo más posible de la música de los treintañeros solteros que gustan de Luis Miguel para ligarse chicas en los automóviles que les compró papi, y entonces aparecen David Bowie, Ute Lemper, Black Box Recorder, Marc Almond, Scott Walker, mucho más recientemente Dresden Dolls, todos de una manera u otra haciendo homenaje a la voz y a la capacidad lírica y escénica de Jacques Brel. Una música no apta para quienes le tienen miedo al "azote", para quienes su idea de lo que debe ser la música popular es música para el olvido y el desmadre. A veces, vale la pena tomarse la vida en serio.
Así pues, llega un momento en la vida de cada hombre en que las millas náuticas ya se nos notan, en las arrugas o en las canas, en las calvas o en las panzas, en los tatuajes o en las cicatrices, en los dolores y en las heridas. Y entonces se puede recuperar a alguien como Jacques Brel, cuya pasión fue impermeable a la mierda superficial del mundo y que sin embargo logró, con un coraje y una sensibilidad incomparables, lograr un reconocimiento amplio, pero que, en esta humilde opinión, debería ser incluso más abierta y esparcida. Porque en la chanson de Jacques Brel está también la semilla de las estéticas del pop británico, su melancolía desoladora, su romanticisimo enloquecido. Gente como Nick Cave o Neil Hannon o Scott Walker, por citar sólo tres, serían sus herederos y traductores más preclaros.
Así andamos a la deriva por la vida. Llega un momento en que hay que detenerse en un puerto y reconocer el pasado para poder pensar en el futuro. Y cómo no, a veces, identificarse con aquello de "Et qui boivent et reboivent/Et qui reboivent encore". La melancolía del marinero, pues, que "Se plantent le nez au ciel/Se mouchent dans les étoiles" y que llora por aquellas que lo han abandonado.
Estos días me gustan porque tienen más anaranjado que de costumbre, el sol ya no brilla demasiado y el viento es fresco, por eso me gustan estos días. También me gustan porque uno puede comer todo el pan de muerto que quiera, y el pan de muerto es muy rico. En mi casa suelen poner un altar y llenarlo de fotos de los familiares que ya murieron, supongo que este año se pondrá una o dos fotos de Canelo. Esto no me da alegría, y todavía estoy triste.